
Cuando
la conquista de Sevilla por el emir “Musa”, el año 712, las fuerzas godas que
guarnecían dicha población, tomaron la vía romana que se dirige por Niebla a
las bocas del Guadiana (1) y pasando el río, donde se creían más seguras, se
atrincheraron para poder resistir el probable avance de los invasores. Y cuando
mas tarde, tubo el caudillo árabe que sitiar la fortaleza de Mérida, mandando
venir desde Africa a su hijo “Abd al – Aziz”, con tropas suficiente para poder
tomar la población, los cristianos de Sevilla, ayudados por sus compatriotas de
Béjar y Niebla, se sublevaron contra la pequeña guarnición “berebere”, dando
fin con cuantos no pudieron huir en dirección á la fortaleza sitiada. Y tras de
reducir nuevamente la plaza sevillana, dejando en ella una guarnición árabe, el
joven caudillo realizó afortunadas expediciones militares, conquistando, entre
otras plazas, las de Niebla, Beja y Ossonoba, continuando después hacia el
Oriente, donde firmó interesantes capitulaciones con el jefe godo Teodomiro.

He
aquí como pasó, el año 713, a
poder musulmán, la antiquísima Ilipla o Ilipa, en cuya proximidades P. Cornelio
Escisión derrotará a los lusitanos que habían penetrado en la. Bética;
la histórica Elepla, que durante la denominación goda fuera sede episcopal, en
el siglo VI, y su primer prelado Basilio asistiera al célebre III Concilio de
Toledo; la bautizada por los árabes con el nombre de “Labla” y que los
cristianos habían de convertir en la “Niebla” de nuestros días.

Eduardo Saabedra: "Estudio sobre la invasión de los árabes". Madrid. 1892.
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